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¡Por el Faraón y los Bigotes! Cómo los Gatos Conquistaron Egipto y se Convirtieron en Dioses

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Bienvenido al Antiguo Egipto, la civilización que elevó la admiración por los gatos a su máxima expresión, desenterremos los secretos del culto a la diosa Bastet, exploremos la ciudad donde se celebraban las fiestas felinas más grandes de la historia y descubre por qué el estatus divino de tu gato moderno no es solo una broma, sino un eco de un pasado glorioso.

¡Hola, humano curioso! 😺 Si crees que tu gato se porta como un pequeño emperador… espera a conocer la vida que llevaban sus antepasados en el Antiguo Egipto. Porque allí, los mininos no solo eran adorados, ¡eran literalmente elevados a lo divino!

De Cazadores de Ratones a Emisarios Divinos: El Ascenso del Gato

Los egipcios no solo valoraban a los gatos por proteger sus graneros del Nilo (vitales para su economía), sino también por proteger sus hogares de serpientes venenosas y alacranes. Su elegancia, misterio y ferocidad los hicieron objetos de admiración.

Al principio, como en todas partes, la relación fue muy práctica. Los egipcios, brillantes agricultores, tenían un problema enorme: ratas y ratones que amenazaban sus enormes graneros llenos de trigo y cebada.

Entraron en escena nuestros héroes de cuatro patas. Los gatos, con su habilidad de caza innata, se convirtieron en los guardianes no oficiales de la despensa de Egipto. Protegían la comida y, de paso, las casas de serpientes y alacranes. ¡Eran el equipo de control de plagas más eficiente y adorable de la historia!

Pero su trabajo no pasó desapercibido. Los egipcios, agradecidos, empezaron a verlos con admiración y respeto. Con el tiempo, ese respeto se transformó en veneración. Y así, sin darse cuenta, los gatos pasaron de ser útiles cazadores a emisarios de lo divino.

Bastet La Deidad Felina

Este respeto evolucionó hasta la adoración religiosa. La diosa Bastet (o Bast), inicialmente una feroz leona guerrera, se transformó en una diosa protectora del hogar, la fertilidad, la alegría y la armonía, representada como una mujer con cabeza de gato doméstico. Llevar un gato al templo de Bastet era considerado un acto de devoción.

Era la diosa de:

  • La protección del hogar y la familia.
  • La fertilidad y la maternidad.
  • La alegría, la música y la danza.
  • El amor y la armonía.

Bubastis: la Fiesta Felina Más Grande de la Historia

El culto a Bastet era tan masivo que tenía su propia ciudad dedicada: Bubastis. Aquí se celebraban los festivales más grandes y alegres en honor a la diosa-gata.

Miles de peregrinos viajaban desde todos los rincones de Egipto para cantar, bailar y celebrar. Llevaban ofrendas y pequeñas estatuillas de gatos para ganarse el favor de Bastet. Era la “Convención de Amantes de los Gatos” original, pero a escala divina.

La Vida de un Gato en el Antiguo Egipto: ¡Todo un Lujo!

Ser gato en Egipto era lo máximo. El trato que recibían era excepcional:

  • Eran miembros queridos de la familia. Se les adornaba con joyas y collares y se les alimentaba con manjares que otros animales ni soñaban.
  • La ley los protegía ferreamente. Lastimar o matar a un gato, aunque fuera por accidente, era un crimen gravísimo que podía castigarse con la pena de muerte. El historiador griego Heródoto contaba que si un egipcio se encontraba con un gato muerto, salía huyendo gritando de dolor para que nadie pensara que había sido él.
  • El duelo era real. Cuando un gato familiar fallecía, sus humanos se afeitaban las cejas en señal de profundo luto y dolor.

El Viaje al Más Allá: La Momificación Felina

El amor por sus gatos trascendía la vida terrenal. Para asegurarles un pasaje al más allá y que les acompañaran eternamente, los egipcios momificaban a sus gatos con el mismo cuidado y rituales que usaban para los faraones.

Se han descubierto cementerios enteros con millones de momias de gatos, muchas de ellas colocadas en sarcófagos especiales. Era su forma de decir: “Nos vemos en la próxima vida, amigo”.

El Legado que Ronronea hasta Hoy

La veneración egipcia por los gatos marcó para siempre la relación entre humanos y felinos. Esa aura de misterio, elegancia y poder divino aún perdura cuando miramos a nuestro gato.

¿Por qué crees que nos miran con esa sabiduría ancestral? ¿Por qué su andar es tan grácil y majestuoso? Porque en el fondo, ellos lo saben. Saben que una vez fueron dioses, y ese estatus no se olvida tan fácilmente.

La próxima vez que tu gato te mire con desdén desde su torre o te despierte a las 5 de la mañana pidiendo comida, recuerda: no es un capricho. ¡Es que está acostumbrado a ser servido por sus súbditos humanos!

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