Gatos en la edad media

Gatos en el Medioevo: De Divinos a Malignos

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Gatos en la edad Media

¡Hola de nuevo, cronista de los ronroneos! 🐾 Nuestro viaje por la historia felina da un giro oscuro y dramático. Si en Egipto fueron dioses y en Roma símbolos de libertad, los gatos en la edad media, en Europa tenían otros planes para ellos. Fue una época de pánico, superstición y una persecución que, irónicamente, se volvió en contra de la humanidad de la forma más devastadora posible.

Acompañaos a explorar el capítulo más tenebroso de la historia de los gatos.

El Gran Cambio: De Protector a Sospechoso

Con la caída de Roma y el auge del cristianismo en Europa, el mundo antiguo se resquebrajó. La nueva fe veía con recelo cualquier símbolo pagano. Y los gatos, con su naturaleza misteriosa, sus hábitos nocturnos y esos ojos que brillaban en la oscuridad, encajaron perfectamente en el nuevo imaginario del mal.

Eran demasiado independientes, demasiado inteligentes y no mostraban la sumisión que se esperaba de un animal “útil”. Para una sociedad que valoraba la obediencia above all, un animal que hacía sólo lo que quería era… sospechoso.

La Bula Papal que Encendió la Hoguera: Vox in Rama

Gatos en la edad media

El punto de inflexión llegó en 1233. El Papa Gregorio IX publicó la bula “Vox in Rama” (leer mas), un documento dirigido a Alemania para condenar ciertos ritos heréticos. En él, se describían con todo lujo de detalles grotescos ceremonias donde aparecía un gato negro de tamaño enorme y demacrado, al que los herejes besaban en el ano como muestra de sumisión a Satanás.

La bula no decía “matad a todos los gatos”, pero su efecto fue inmediato y catastrófico. El gato negro quedó oficialmente estigmatizado como la encarnación del diablo. La caza estaba servida.

Europa Declara la Guerra a los Bigotes

Con el material dictado: “de los labios de Dios al oído del papa”, se caldearon los ánimos y la descripción gráfica de la bula (gato demacrado, beso obsceno) funcionó como una inducción emocional potente, apeló directamente al miedo y al asco de la gente. Al señalar al gato negro como un demonio tangible, dio a las personas un blanco claro para su inquietud. Esto les permitió sentirse en control y unidos en una “misión” contra el mal, convirtiendo un miedo abstracto en una caza concreta que justificaba su violencia, si amigos esta es la imagen del gato en la edad media.

El Carnaval de la Muerte: Gatos, Brujas y Hogueras

La asociación ya era imparable. Durante los siglos siguientes, cualquier mujer solitaria que tuviera un gato como compañero era inmediatamente sospechosa de brujería. Se creía que:

  • Los gatos eran “familiares” de las brujas: demonios menores que les servían.
  • Las brujas podían transformarse en gatos para moverse con sigilo.
  • Eran los mensajeros del diablo.

En festividades como el Día de San Juan, era común arrojar gatos vivos a las hogueras públicas en sacos o cestas, en un macabro espectáculo que se creía purificador. Fue una persecución sistemática y cruel.

La Ironía Final: La Peste Negra y el Precio de la Superstición

La naturaleza, sin embargo, tiene sus propias leyes. Y la ley del equilibrio se aplicó con brutal eficiencia.

Al exterminar a sus depredadores naturales, las poblaciones de ratas y ratones se dispararon sin control en ciudades ya de por sí sucias y llenas de basura. Y en el lomo de esas ratas viajaban las pulgas portadoras de la bacteria Yersinia pestis, causante de la Peste Negra.

Cuando la pandemia arrasó Europa entre 1347 y 1351, matando a entre 30 y 60% de la población europea, fue demasiado tarde. Algunos cronistas de la época, como el francés Gilles li Muisis, hicieron la conexión: la ausencia de gatos había permitido la plaga de roedores.

Los mismos animales a los que habían quemado por traer el mal, en realidad eran la única barrera natural contra una tragedia real. La paradoja no pudo ser más cruel.

Serie Completa: Historia Felina

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